17 noviembre 2007

La investigación en las artes visuales

La primera pregunta que atiende a este ensayo, ¿cómo puede darse una vinculación entre la teoría y la práctica en el campo de las artes? nos plantea la posibilidad de reflexionar en torno a la filosofía, es decir, el acto de pensar sobre un algo con una actitud analítica que incluye la acción humana. Para aclarar un poco más este argumento tenemos el juicio de María Rosa Palazón: “Cuando la praxis se realiza, los conocimientos entran en acción, porque sólo existe el binomio, históricamente determinado, de la práctica-teoría. Pueda aducir concientemente o no las reglas que conlleva su acción transformadora, el artista-trabajador las conoce.”[1]

Desde esta perspectiva para llevar acabo algo debe existir un conocimiento previo a la acción y posteriormente se podrá generar o no un nuevo conocimiento, esto dependerá de las experiencias previas o de la práctica para hacerlo. En este caso la experimentación también es portadora de nuevos conocimientos y es aquí donde considero que se encuentra el vínculo.

Sin embargo esto no queda en un mero estudio del ¿cómo hacer? o lo que pueda comprender el empleo de técnicas, más allá de un mero manual de uso, las artes también abren un panorama lleno de significaciones al espectador que crea nuevos sentidos de su realidad a partir de las interpretaciones del arte.

“Gracias al arte, en lugar de ver un solo mundo, el nuestro, lo vemos multiplicarse, y tenemos tantos mundos a nuestra disposición como artistas originales hay [...] el arte instruye. Percepción que concierne, pues, a nuestra relación con el mundo -el cuerpo, la naturaleza, el otro-, que modifica y diversifica esas relaciones, y de allí nace ese placer estético del que se habla tan a menudo sin poderlo explicar. [...] el papel del arte acrecienta una experiencia, aporta un saber que aún hacía falta, y ello de manera inexplicable, pues no conceptual.”[2] O en palabras más sencillas “nuevas interpretaciones, suscita siempre nuevas lecturas, es decir, nuevos "mundos posibles.”[3]

Aquí entraría la hermenéutica sí, pero lo que queremos observar es que el artista es conciente de esta acción, más allá de ser un objeto de contemplación la obra de arte se ha convertido en un medio de comunicación y al ser portadora de un mensaje éste debe ser estructurado y por lo tanto se trata de información razonada que está supeditada a un medio de transmisión.

“La obra que es calificada como artística se ofrece, ante todo, como un bien satisfactor de emociones, como un entretenimiento o una diversión sin mayores compromisos con el conocimiento y la verdad, por lo cual su emisor, igual que el mitopoeta y el sacerdote, no admite que su composición sígnica sea verdadera o falsa, ni que cometa errores de apreciación (fuera de las reglas del ámbito sígnico en que trabaja) que lo obliguen a rehacer su discurso: sólo lo rehará si se le convence de que ha alterado la verdad como coherencia.”[4]

Ahora bien, ya se expuso grosso modo que el arte es generador de conocimiento pero otro aspecto de la vinculación entre la teoría y la práctica en las artes es la necesidad de racionalizar los procesos de producción y es ahí donde radica el problema, ya que la mayoría de los artistas no están interesados en la estructuración de nuevas teorías, quiero decir con esto que los artistas muchas veces se quedan atrapados por la producción y pocas veces quieren sentarse a escribir sobre lo que se hace y exponer bajo argumentos académicos, teóricos o filosóficos de sus experiencias prácticas de modo que sirvan como referencias para otros artistas y encontramos pues que los críticos de arte o los filósofos estetas son los que escriben la “supuesta teoría” sin a veces ni siquiera conocer los procesos de producción. Esto ha generado controversias porque se dice que los artistas no pueden ser objetivos si pretenden escribir teoría contra lo subjetivo que puede ser la práctica del arte.

A mi parecer los críticos o teóricos muchas veces no se ponen a pensar que la estructuración de un discurso plástico va más allá de los simples lineamientos que ellos creen que determina la estética en boga. Se hacen preguntas como ¿qué es el arte? sin siquiera haber tomado un pincel con tinta, óleo o acuarela, o tomado un cincel y un mazo, o quizá de haber provocado a un público en un performance. Es por eso imprescindible que los artistas escribamos las reflexiones propias de nuestro quehacer y proponer nuevas teorías a partir de la práctica.

“Si el emisor no es conciente de todos los mensajes que transmite, ni tampoco nos es dado poder interrogarlo para descubrir sus intenciones conscientes y no conscientes, no debemos empecinarnos en querer explicar su producción a partir de su psique: hemos de aceptar que lo único que nos queda es un producto cultural que potencialmente genera significados.”[5]

Es precisamente bajo este argumento que los artistas deben de imponer su criterio con respecto a lo que hacen, de otro modo siempre estaremos sujetos a posibles juicios erróneos y no llegaremos a defender nuestra actividad como digna de una ciencia, humana pero al fin y al cabo ciencia.

Otra pregunta que debemos plantearnos es sobre ¿qué implica la investigación en las artes? y va ligada a nuestros anteriores comentarios, definitivamente la investigación en esta área no puede ceñirse a los criterios de una investigación científica y por tanto es urgente la creación y el estudio de nuevas metodologías en las que se puedan apoyar precisamente la relación teoría- práctica como base de las investigaciones artísticas. Por otro lado la multidisciplina y la interdisciplina, por ya no tratar de hacernos bolas con la transdisciplina, deben hacerse presentes y ser más evidentes en la interacción de contenidos conceptuales para el desarrollo de hipótesis ( si es que aplicara el término) o propuestas teóricas en el campo de las artes visuales.

Los métodos en los que se pretende inscribir a los proyectos de investigación de las artes han sido los del método científico y debemos mirar que hay otras estrategias más útiles que la inducción o la deducción, ya que los resultados en este ámbito no pueden ser siempre predecibles y comprobables del mismo modo que las leyes de la naturaleza donde la física y la química pueden mantener resultados constantes e inalterables.

Finalmente tenemos otro tema que se desprende de esto y es el qué significa una tesis de artes visuales a nivel maestría? Plantearlo es difícil pues se trata ahora de un análisis a partir de la experiencia personal que pueda aportar un nuevo conocimiento, sin embargo, sigue siendo una interpretación. Las propuestas que se hagan en este nivel deberán contener una cierta relevancia para exponer la experimentación y la producción plástica, hay que trabajar sobre procesos creativos y los conceptos discursivos de las obras que puedan surgir.

Una tesis es un postulado de suposiciones que pueden ser falsas o verdaderas, que pueden aprobarse o disprobarse, pero lo relevante es precisamente el proceso que lleva a una resolución, es como decir que lo importante es el camino y no el fin en sí mismo, y hacer conscientes los métodos de trabajo tampoco es tarea sencilla pues muchas veces no es el mismo método empleado o el mismo orden de acciones en la práctica.

Lo interesante de esto es cómo plantear una especie de bitácora que pueda ayudarnos a vislumbrar el momento en que lo subconsciente se hace conciente y como un proceso subjetivo se pueda objetivar a través del análisis. La dicotomía entre teoría y práctica se hace más evidente ahora, donde el silogismo principal es el de que a toda acción corresponde una reacción y habrá que valorar este supuesto como una probable base de estudio y así encontrar las diferencias entre los productos del arte, ya sea por la forma de traducir los códigos en formas, colores, texturas, acciones, etc.

Una tesis... una propuesta... un conocimiento a partir del pienso – existo – pienso. Y aquí vemos que no es unidireccional únicamente, sino una espiral que permite reencontrar puntos de incidencia entre la teoría y la praxis.

[1] PALAZÓN Mayoral, María Rosa. La estética en México. Siglo XX. FCE. UNAM. México 2006, p.109
[2] THUILLIER, Jaques. Teoría general de la historia del arte. Fondo de cultura económica. 1ª ed. en español, México, 2006, pp.72,73
[3] VATTIMO, Gianni. El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna. Barcelona, Gedisa, 2000, p. 58
[4] PALAZÓN Mayoral, María Rosa. Op. cit. p. 304
[5] PALAZÓN Mayoral, María Rosa. Op. cit. p. 256

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