17 noviembre 2007

¿Formación o deformación artística?... ¿generación o degeneración del arte?

La muestra de trabajos de la generación saliente de la “Real” Academia de San Carlos es el principal motivo para cuestionarme el título de este ensayo... lo que hace evidente la exposición de los “ejercicios” realizados durante los estudios de la Maestría en Artes Visuales, de estos alumnos que están por titularse, es el reflejo de la desarticulación que hay entre la teoría y la práctica de las artes... entre la teoría y la práctica, o lo que debería ser y los resultados alcanzados en los estudios de postgrado en Artes.

Sin embargo, la pregunta no se puede quedar sólo en el tintero esperando hallar una respuesta aleatoria y mordaz de mi parte, siendo una “criticona” y no tener un juicio crítico del trabajo de mis compañeros, sobre todo si entendemos que en un futuro próximo nuestra generación actual tendrá que enfrentar la misma evaluación y posible apreciación por parte de los que vienen atrás de nosotros.


Es importante comprender que más que una estudiada selección de los trabajos se buscó llenar las salas con lo que cada uno tenía para de-mostrar que “sí se trabaja” en el postgrado. Faltó evidentemente una “curaduría” del trabajo, pero ¿quién la haría si nosotros sólo nos dedicamos a producir?, por otro lado no se pretendería herir la susceptibilidad de los autores censurando algunos de los trabajos. Y no por el tema, no por el concepto, no por la postura política, religiosa o sexual; sino por la falta de calidad en ellos. Y me atrevo a manifestar tal argumento porque en algunos casos la manufactura técnica (aunque no sea el propósito principal de la obra) demeritó la intención de algunas propuestas, en otros casos la idea no fue clara o el concepto se hallaba ausente.


A pesar de lo antes mencionado no me aventuraría a afirmar que es culpa total y única de los autores, mucho menos de los profesores o del sistema escolar y falta de infraestructura de la Academia, más bien es un poco el juego que se establece entre todos estos personajes y entre algunas otras circunstancias menos evidentes aunque no menos importantes.




Por principio de cuentas, considero que en ocasiones el criterio para la aceptación de los futuros alumnos de postgrado no es del todo objetiva ya que se siguen aceptando a personas que no pertenecen a las artes o de áreas afines al perfil de la maestría; sin menospreciar claro a algunos que sin ser propiamente artistas han podido aportar algunas propuestas valiosas e interesantes. Por consiguiente, la natural falta del ejercicio de investigación teórica y una autocrítica de nuestra producción hace irrebatible la defensa de nuestros propios proyectos.




No nos ha quedado claro que el nivel de maestría al que deberíamos de aspirar está más allá de la simple producción de obra a partir del ejercicio técnico, que no del ejercicio conceptual. Alumnos y maestros seguimos en el esquema de “enseñanza-aprendizaje” erróneo del toma y daca dentro del aula, no tendríamos que esperar “tomar una clase,” eso queda para los niveles básicos de enseñanza. Si nuestras materias aluden a un “seminario” lo menos que se debería encontrar es una discusión entre posturas y no un eterno monólogo del profesor ininterrumpido por el silencio incesante de los alumnos.




Si fuéramos “estudiantes” y no sólo alumnos de maestría exigiríamos una mejor calidad educativa, pero tampoco se trata de ser victimas o victimarios de la institución, de nuestra “máxima casa de estudios.” Lo que sí habría que reflexionar es sobre una interacción entre los profesores, autoridades y por supuesto nosotros como actores o reactores del arte “contemporáneo” para proponer la integración de materias como la museografía o curaduría de obra y el desarrollo del concepto en el arte por mencionar algunos factores que son de vital importancia y trascendencia en nuestro trabajo, ya que sin ellos será reiterado el resultado de subsecuentes exhibiciones como la que se observó con esta última generación.




Si bien es cierto que no se viene a una maestría a aprender técnicas, el desarrollo de las mismas no debe subestimarse al tener claro el concepto y proceso de las propuestas, ya que esto ayudará a reforzar el sentido de las obras. Así mismo el preciosismo técnico suena a hueco al no contener un discurso plástico. Sería más interesante realizar, “tal vez,” exposiciones por área o proyectos afines para liberar un poco el espacio de exposición y sobre todo poder respirar y no hallar un bombardeo de imágenes y objetos que entorpecen la lectura de cada una de las propuestas.





En este sentido si hoy le damos preponderancia en la Academia al PROCESO que nos lleva a tal resultado como parte de nuestra investigación y análisis teórico, sería más aportativo tener referencias como anotaciones del autor y bocetos previos, para comparar y reafirmar, que la propuesta tiene un génesis conceptual que fue desarrollándose y transformándose en un objeto artístico, que si bien tendría que hablar por sí solo, en este contexto académico es necesario valorar la evolución de los trabajos realizados. Pero obviamente sé que hallaré opiniones contrapuestas a tal planteamiento y será valido el derecho de réplica por parte de los actores aludidos en este ensayo.




Finalmente la última anotación que quiero externar es la valiosa oportunidad que en sí misma significa la posibilidad de exponer... de hablar a través de las obras. Tal parece que pusieron a todos a hablar al mismo tiempo, unos gritan, otros susurran en ese espacio y es complicado escuchar a todos, entender un discurso completo, pero al fin y al cabo se esforzaron por decir algo y eso es mucho más que no haberlo hecho. Lo mejor que podríamos hacer nosotros como generación consecutiva es que si tenemos algo mejor que decir lo hagamos a través de nuestras obras y no alardear descalificando el trabajo de nuestros compañeros, pues si hay propuestas poco afortunadas no quiere decir que tampoco hubiera trabajos (aunque pocos) destacados, pero al fin y al cabo todas las propuestas tienen validez.


La investigación en las artes visuales

La primera pregunta que atiende a este ensayo, ¿cómo puede darse una vinculación entre la teoría y la práctica en el campo de las artes? nos plantea la posibilidad de reflexionar en torno a la filosofía, es decir, el acto de pensar sobre un algo con una actitud analítica que incluye la acción humana. Para aclarar un poco más este argumento tenemos el juicio de María Rosa Palazón: “Cuando la praxis se realiza, los conocimientos entran en acción, porque sólo existe el binomio, históricamente determinado, de la práctica-teoría. Pueda aducir concientemente o no las reglas que conlleva su acción transformadora, el artista-trabajador las conoce.”[1]

Desde esta perspectiva para llevar acabo algo debe existir un conocimiento previo a la acción y posteriormente se podrá generar o no un nuevo conocimiento, esto dependerá de las experiencias previas o de la práctica para hacerlo. En este caso la experimentación también es portadora de nuevos conocimientos y es aquí donde considero que se encuentra el vínculo.

Sin embargo esto no queda en un mero estudio del ¿cómo hacer? o lo que pueda comprender el empleo de técnicas, más allá de un mero manual de uso, las artes también abren un panorama lleno de significaciones al espectador que crea nuevos sentidos de su realidad a partir de las interpretaciones del arte.

“Gracias al arte, en lugar de ver un solo mundo, el nuestro, lo vemos multiplicarse, y tenemos tantos mundos a nuestra disposición como artistas originales hay [...] el arte instruye. Percepción que concierne, pues, a nuestra relación con el mundo -el cuerpo, la naturaleza, el otro-, que modifica y diversifica esas relaciones, y de allí nace ese placer estético del que se habla tan a menudo sin poderlo explicar. [...] el papel del arte acrecienta una experiencia, aporta un saber que aún hacía falta, y ello de manera inexplicable, pues no conceptual.”[2] O en palabras más sencillas “nuevas interpretaciones, suscita siempre nuevas lecturas, es decir, nuevos "mundos posibles.”[3]

Aquí entraría la hermenéutica sí, pero lo que queremos observar es que el artista es conciente de esta acción, más allá de ser un objeto de contemplación la obra de arte se ha convertido en un medio de comunicación y al ser portadora de un mensaje éste debe ser estructurado y por lo tanto se trata de información razonada que está supeditada a un medio de transmisión.

“La obra que es calificada como artística se ofrece, ante todo, como un bien satisfactor de emociones, como un entretenimiento o una diversión sin mayores compromisos con el conocimiento y la verdad, por lo cual su emisor, igual que el mitopoeta y el sacerdote, no admite que su composición sígnica sea verdadera o falsa, ni que cometa errores de apreciación (fuera de las reglas del ámbito sígnico en que trabaja) que lo obliguen a rehacer su discurso: sólo lo rehará si se le convence de que ha alterado la verdad como coherencia.”[4]

Ahora bien, ya se expuso grosso modo que el arte es generador de conocimiento pero otro aspecto de la vinculación entre la teoría y la práctica en las artes es la necesidad de racionalizar los procesos de producción y es ahí donde radica el problema, ya que la mayoría de los artistas no están interesados en la estructuración de nuevas teorías, quiero decir con esto que los artistas muchas veces se quedan atrapados por la producción y pocas veces quieren sentarse a escribir sobre lo que se hace y exponer bajo argumentos académicos, teóricos o filosóficos de sus experiencias prácticas de modo que sirvan como referencias para otros artistas y encontramos pues que los críticos de arte o los filósofos estetas son los que escriben la “supuesta teoría” sin a veces ni siquiera conocer los procesos de producción. Esto ha generado controversias porque se dice que los artistas no pueden ser objetivos si pretenden escribir teoría contra lo subjetivo que puede ser la práctica del arte.

A mi parecer los críticos o teóricos muchas veces no se ponen a pensar que la estructuración de un discurso plástico va más allá de los simples lineamientos que ellos creen que determina la estética en boga. Se hacen preguntas como ¿qué es el arte? sin siquiera haber tomado un pincel con tinta, óleo o acuarela, o tomado un cincel y un mazo, o quizá de haber provocado a un público en un performance. Es por eso imprescindible que los artistas escribamos las reflexiones propias de nuestro quehacer y proponer nuevas teorías a partir de la práctica.

“Si el emisor no es conciente de todos los mensajes que transmite, ni tampoco nos es dado poder interrogarlo para descubrir sus intenciones conscientes y no conscientes, no debemos empecinarnos en querer explicar su producción a partir de su psique: hemos de aceptar que lo único que nos queda es un producto cultural que potencialmente genera significados.”[5]

Es precisamente bajo este argumento que los artistas deben de imponer su criterio con respecto a lo que hacen, de otro modo siempre estaremos sujetos a posibles juicios erróneos y no llegaremos a defender nuestra actividad como digna de una ciencia, humana pero al fin y al cabo ciencia.

Otra pregunta que debemos plantearnos es sobre ¿qué implica la investigación en las artes? y va ligada a nuestros anteriores comentarios, definitivamente la investigación en esta área no puede ceñirse a los criterios de una investigación científica y por tanto es urgente la creación y el estudio de nuevas metodologías en las que se puedan apoyar precisamente la relación teoría- práctica como base de las investigaciones artísticas. Por otro lado la multidisciplina y la interdisciplina, por ya no tratar de hacernos bolas con la transdisciplina, deben hacerse presentes y ser más evidentes en la interacción de contenidos conceptuales para el desarrollo de hipótesis ( si es que aplicara el término) o propuestas teóricas en el campo de las artes visuales.

Los métodos en los que se pretende inscribir a los proyectos de investigación de las artes han sido los del método científico y debemos mirar que hay otras estrategias más útiles que la inducción o la deducción, ya que los resultados en este ámbito no pueden ser siempre predecibles y comprobables del mismo modo que las leyes de la naturaleza donde la física y la química pueden mantener resultados constantes e inalterables.

Finalmente tenemos otro tema que se desprende de esto y es el qué significa una tesis de artes visuales a nivel maestría? Plantearlo es difícil pues se trata ahora de un análisis a partir de la experiencia personal que pueda aportar un nuevo conocimiento, sin embargo, sigue siendo una interpretación. Las propuestas que se hagan en este nivel deberán contener una cierta relevancia para exponer la experimentación y la producción plástica, hay que trabajar sobre procesos creativos y los conceptos discursivos de las obras que puedan surgir.

Una tesis es un postulado de suposiciones que pueden ser falsas o verdaderas, que pueden aprobarse o disprobarse, pero lo relevante es precisamente el proceso que lleva a una resolución, es como decir que lo importante es el camino y no el fin en sí mismo, y hacer conscientes los métodos de trabajo tampoco es tarea sencilla pues muchas veces no es el mismo método empleado o el mismo orden de acciones en la práctica.

Lo interesante de esto es cómo plantear una especie de bitácora que pueda ayudarnos a vislumbrar el momento en que lo subconsciente se hace conciente y como un proceso subjetivo se pueda objetivar a través del análisis. La dicotomía entre teoría y práctica se hace más evidente ahora, donde el silogismo principal es el de que a toda acción corresponde una reacción y habrá que valorar este supuesto como una probable base de estudio y así encontrar las diferencias entre los productos del arte, ya sea por la forma de traducir los códigos en formas, colores, texturas, acciones, etc.

Una tesis... una propuesta... un conocimiento a partir del pienso – existo – pienso. Y aquí vemos que no es unidireccional únicamente, sino una espiral que permite reencontrar puntos de incidencia entre la teoría y la praxis.

[1] PALAZÓN Mayoral, María Rosa. La estética en México. Siglo XX. FCE. UNAM. México 2006, p.109
[2] THUILLIER, Jaques. Teoría general de la historia del arte. Fondo de cultura económica. 1ª ed. en español, México, 2006, pp.72,73
[3] VATTIMO, Gianni. El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna. Barcelona, Gedisa, 2000, p. 58
[4] PALAZÓN Mayoral, María Rosa. Op. cit. p. 304
[5] PALAZÓN Mayoral, María Rosa. Op. cit. p. 256

El viajero lúgubre. Julio Ruelas Modernista

A cien años de su centenario luctuoso es valiosa la muestra que nos ofrece el Munal sobre la obra del artista Julio Ruelas. Dibujante, pintor, grabador, cualquiera de sus facetas técnicas es un claro ejemplo de su intensión por “renovar” el arte de su tiempo. Esta visión, un poco con la idea de revitalizar el papel de la imagen moderna, esto a principos del siglo pasado, fue manifiesto en las páginas de la “Revista Moderna” con una peculiar forma de expresión plástica.

Buitre herido
1906
tinta sobre papel

Es evidente la influencia de la escuela europea en su trabajo de caballete, en algunos de sus cuadros deja ver también unas pinceladas que remiten a los principios de la pintura impresionista pero no creo que compartiera sus ideales. De cualquier forma él desarrolló un estilo muy propio, lleno de misticismo y un dramatismo en blanco y negro que remiten a Dante con su Divina Comedia y también al trabajo de Grabado de Goya, sobre todo recordando la exposición que albergó el propio Munal el año pasado.

Antón
1901
tinta sobre papel

Pero hay que mencionar que Ruelas desarrolló la ilustración de textos más allá de la simple interpretación, entró en el campo del simbolismo y dio a sus imágenes mucha fuerza e impacto, por ello desde mi punto de vista como ilustradora ésta es una tarea ardua ya que hay un elemento de suma importancia: narrativa visual.

Independientemente de la relación que tenga cada imagen con el texto al que hace referencia, ella en sí misma es un texto visual, hay un discurso y una forma particular de decir las cosas. La técnica me parece lo menos trascendente, aunque no deja de tener un valor ya que ésta le permitió dar forma a lo verdaderamente expresivo de sus ideas.

Entre faunos, calaveras, imágenes mortuorias y desgarradoras escenas con perros y animales de rapiña, Ruelas deja ver un dolor que sólo a través del dibujo pudo transmitir. Sin embargo, hay otro aspecto que llamó mi atención, la relación entre el texto y el evolvente de la ilustración, el rompimiento con los formatos estrictamente rectangulares dinamizaron la composición de las páginas de la Revista Moderna. La búsqueda de sus capitulares y estilos de letra más caligráficos u ornamentales de primera intención dan pie a una nueva estrategia del diseño de alfabetos.


Efluvios
1903
tinta sobre papel

No cabe duda que cuando se quiere mostrar el trabajo de un artista como él no hace falta la parafernalia que en otros eventos es evidente. La forma en que se muestra su obra también permite tener una retrospectiva, tal vez corta pero productiva de su trabajo.

Gracias a esta exposición podemos observar que Ruelas llevó el contraste a su mayor expresión, no solo en sus valor cromático, sino en su forma y en el contenido de su trabajo que para ese entonces sólo era alcanzable por compañeros suyos, artistas e intelectuales capaces de comprender su necesidad de no hacer cosas “bellas” si no hacer de lo no tan bello algo estético... a través de lo simbólico.

El suplicio de la Reina Mora
grabado

Estos evolventes y la ornamentación de ciertas ilustraciones también nos remiten al art nouveau con la simplificación de elementos florales y extensiones orgánicas que formaban un marco de la imagen pero seguían siendo parte del mismo todo, con una significación simbólica como antes mencionamos.

Ahora bien, el hecho de encontrar estas obras en el Museo Nacional es una gran oportunidad, la museografía me parece bastante acertada con una iluminación cuidada y sobre todo uno de los elementos que le dieron carisma a esta exposición fue la insersión de fragmentos de música que él escuchaba mientras trabajaba, obras del gran compositor Richard Wagner que fomentaron el interés de apreciar la obra de Julio Ruelas acentuando el dramatismo y un poco ilustrando auditivamente estas maravillosas obras de pequeño formato pero de enorme impacto visual.

La extensión de la exposición es precisa, ya que uno toma el tiempo suficiente para observar las obras sin tener un cansancio físico natural al encontrarse en exposiciones muy extensas. Como se diría: “pequeña pero consistente.”

Es necesario darse una vuelta también a las salas de algunos de sus contemporáneos para observar y comparar el trabajo de ese tiempo.
Auto de fe
1906
tinta sobre papel

Esta fue pues, una ocasión para admirar la precisión manual, el humor, la tenacidad y el carácter de un artista del que tal vez no se habla demasiado pero ha dejado un legado para la historia del arte y en su trabajo está manifiesto que el rompimiento con los canones estéticos no necesariamente incluye la negación de lo ya existente, sino una modificación en nuestra forma de pensar. El sin ser radical en sus formas, lo hizo en sus contenidos y esto lo hace por sobre muchos artistas incluso contemporáneos uno de los más grandes exponentes del grabado y del dibujo.

Esperemos que el trabajo que llevamos a cabo hoy los estudiantes de postgrado de artes visuales tenga esa visión de modificar sin necesariamente contraponer las ideas estéticas que la academia ha impuesto durante mucho tiempo. De hecho, habría que restaurar los conceptos de estética y mirar hacia una autocrítica del arte, ya que eso enriquecería nuestro trabajo y nos haría mucho más reflexivos en cuanto a nuestra labor social como artistas en una sociedad como la nuestra, en un país como el nuestro y bajo las limitantes económicas que sí creo que nos afectan como país y como cultura, es increíble la calidad de intelectuales que hemos tenido en México, lo importante es conservarlos y no sólo eso sino fomentar al crecimiento de la población intelectual y artística de exportación.
Fauno tocando la flauta
1903
tinta sobre papel

Referencias:
RODRÍGUEZ Lobato, Maricela: Julio Ruelas: siempre vestido de huraña melancolía. México, Universidad, 1999
www. museoblaistein.com